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viernes, 25 de septiembre de 2009

De Marion Zimmer Bradley


Hoy se cumplen diez años de la partida de Marion Zimmer Bradley, escritora norteamericana de novelas de fantasía y ciencia ficción, con frecuencia desde una perspectiva feminista. Fue precisamente esa particularidad lo que me atrapó cuando leí, a los dieciséis años, su novela más famosa, The Mists Of Avalon.
Para ese entonces había leído ya, por consejo de mi abuelo, algunas cosas sobre las leyendas artúricas, convirtiéndose estos relatos en unos de mis favoritos. Por eso, cuando llegó a mis manos la novela de Zimmer Bradley, no dudé en entrarle con avidez. Me conquistó desde el primer párrafo. No solté el libro mas que para comer y dormir, y lo acabé en cinco días. Sobra decir que se convirtió en uno de mis favoritos. Por primera vez leía una novela donde los personajes femeninos eran algo más que acompañantes pasivas, sin carácter. Aquí no sólo eran fuertes sino las protagonistas. Me enamoré de Morgaine, por supuesto, y ha sido, a lo largo de mi vida, una fuente de inspiración constante. Mis primeros intentos serios de escribir surgieron a partir de ella, de su historia... Todavía andan por ahí algunos escritos de aquel tiempo que quizás algún día desempolve y comparta, aún no lo sé... resultaron tan íntimos, tan personales que me queda ese celo de mostrarlos. En fin...
Marion Zimmer Bradley murió el 25 de septiembre de 1999, a los 69 años. Sus cenizas fueron esparcidas en Glastonbury Tor, en Somerset, Inglaterra, dos meses después.
A diez años de su partida, qué mejor manera de recordarla que leyendo su obra. Créanme, no se van a arrepentir.
Y por acá nos seguimos viendo, gente.
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lunes, 13 de julio de 2009

De noticias langosteras

El día de hoy empezó a circular, a partir de la medianoche, por estas latitudes virtuales, el nuevo número de nuestro blogzine

correspondiente al trimestre julio-septiembre de 2009.
Nos dará mucho gusto que se den una vuelta y chequen las novedades.
Y también que nos dejen su comentarios, qué les gusta, qué le hace falta; sus opiniones son todas bienvenidas. Esto con el afán de brindarles un blogzine interesante y ameno.
Recuerden también que aceptamos colaboraciones, así que ya saben, si están interesados, no duden en escribirnos y enviar sus trabajos a:

langostaposteada@gmail.com

Y por acá nos vemos, gente.
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sábado, 11 de julio de 2009

De Robert Anson Heinlein

El 7 de julio se cumplieron 102 años del nacimiento de Robert Anson Heinlein, escritor estadounidense de ciencia ficción, cuatro veces ganador del premio Hugo y uno de los tres grandes del género, junto con Isaac Asimov y Arthur C. Clarke.
El primer Gran Maestro elegido por la Asociación de Escritores de Ciencia Ficción y Fantasía de Estados Unidos (SFWA, por sus siglas en inglés) fue uno de los autores de ciencia ficción más controversiales e influyentes del siglo XX. Sus novelas se caracterizan por el cuestionamiento de las costumbres contemporáneas, culturales, sociales y sexuales, a menudo describiendo sociedades utópicas con ideales por demás alejados de las sociedades occidentales. Su novela Stranger in a Strange Land es un claro ejemplo de esto, convirtiéndose en pieza fundamental de la contracultura, al punto de ser llamada "La Biblia no oficial del movimiento hippie". Debo añadir, también, que es uno de mis libros favoritos y que lo recomiendo ampliamente, sobre todo en su lengua original, ya que varios conceptos fundamentales (como la palabra grok, que traducen como absorber) se pierden en la traducción. El mismo Heinlein explica el término en su novela:
Grok significa entender tan profundamente que el observador se convierte en parte del observado --se fusionan, se mezclan, se casan, pierden identidad en la experiencia de grupo. Significa casi cualquier cosa que queramos definir como religión, filosofía y ciencia --y significa tan poco para nosotros (por nuestras pobres suposiciones terrenales) como el color a un ciego.
El Oxford English Dictionary define la palabra grok como "entender intuitivamente o por empatía; establecer una sintonía con; y empatizar o comunicar con"; también "experimentar gozo". Por eso, el cartel que enviara un grupo de fans a miles de seguidores de Heinlein en Facebook, incluye la leyenda We Grok RAH.
Todo esto para animarlos a que celebren el cumpleaños 102 del Gran Maestro Heinlein leyendo su obra, así que quedan cordialmente invitados a acercarse a sus libros.
Y mientras tanto, por acá seguimos viéndonos, gente.
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martes, 19 de febrero de 2008

De más gatos

Y aquí está lo prometido.
Si son amantes de los gatos estoy segura de que el texto les gustará tanto como a mí.
Si no lo son tanto ojalá que después de leer esto vean a los gatos con otra mirada.
Sin más, aquí está...

El gato moderno, el último animal domesticado por el hombre, desciende de un gato salvaje norteafricano, el Felis lybica. Los gatos son merodeadores; misteriosas criaturas de la noche. La crueldad y el juego es para ellos lo mismo. Viven atemorizados y atemorizando, practicando sin cesar el juego de que están asustados o asustando a los humanos con sus apariciones espectrales en súbitas emboscadas y abalanzamientos repentinos. Los gatos viven en lo oculto, es decir, lo "escondido". En la Edad Media eran cazados y matados porque se los asociaba con las brujas. ¿Injusto? Pero el gato está realmente aliado con la naturaleza telúrica, la enemiga mortal del cristianismo. El gato negro de Halloween es la sombra rezagada de la noche arcaica. Durmiendo como duermen, hasta veinte horas de las veinticuatro, los gatos reconstruyen y habitan el primitivo mundo de las tinieblas. El gato es telepático, o al menos piensa que lo es. A mucha gente le pone nerviosa su fría mirada. Comparados con los perros, esclavos siempre deseosos de complacer, los gatos son autócratas de egoísmo desnudo. Son amorales e inmorales; rompen conscientemente las reglas. Su mirada "perversa" cuando sucede así no es una proyección humana: puede que el gato sea el único animal que saborea la perversidad o se refleja en ella.
Por eso el gato es un experto en los misterios telúricos. Pero tiene una dualidad hierática. Es de ojo intenso. El gato fusiona la mirada de apetito de la Gorgona con la mirada distante de la contemplación apolínea. El gato valora la invisibilidad, y cómicamente se imagina invisible cuando pasea perezoso por el jardín. Pero también le encanta ver y ser visto, como a todo el mundo; es un espectador del teatro de la vida, divertido, condescendiente. Es un narcisista, que está siempre recomponiendo su aspecto. Cuando está desaliñado, se pone de mal humor. Los gatos tienen un sentido de composición pictórica: se colocan siempre simétricamente en los sofás, las alfombras, incluso sobre una hoja de papel caída en el suelo. Los gatos siguen una métrica apolínea del espacio matemático. Altivos, solitarios, precisos, son árbitros de la elegancia: ese principio que para mí es originario de Egipto.
Los gatos saben posar. Tienen un sentido de la "persona", del personaje, y se sienten visiblemente avergonzados cuando la realidad viene a pincharles en su dignidad. Los monos son más humanos, pero menos hermosos; ponen posturas, pero no posan. Charloteando, brincando, dándose golpes de pecho, enseñando el culo, los monos no son sino unos engreídos "parvenues" que suben a bandazos en la escala evolutiva. Las sofisticadas "personas" del gato son máscaras de un teatro mucho más avanzado. Sacerdote y dios de su propio culto, el gato sigue el código de la pureza ritual, limpiándose religiosamente. Se ofrece sacrificios paganos a sí mismo, y puede que comparta sus ceremonias con los escogidos. Quienen tienen un gato suelen empezar el día encontrándose a la puerta de su casa, en el porche o en algún otro rincón, un ordenado montoncito de tripas de topo o de miembros de ratón machacados: recordatorios darwiniamos. El gato es el habitante menos cristiano del hogar medio.
En Egipto, el gato; en Grecia, el caballo. A los griegos no les gustaban los gatos. Admiraban el caballo y lo emplearon constantemente en el arte y en la metáfora. El caballo es un atleta orgulloso pero servicial. Acepta la ciudadanía en un sistema público. El gato tiene sus propias leyes. Nunca ha perdido ese aspecto despótico de lujo oriental y de indolencia. Era demasiado femenino para el gusto griego por lo masculino. Me he referido antes a la invención egipcia de la feminidad, una estética de la práctica social separada de la brutal maquinaria de la naturaleza. Se podría decir que el vestido de la mujer aristocrática egipcia, una exquisita túnica de pliegues de lino transparente, es provocativo por su forma sigilosa de ceñirse al cuerpo. Sigilosas y provocativas son las correrías nocturnas de los gatos. Los egipcios admiraban la elegancia, la esbeltez en los perros de caza, en los chacales, en los halcones. Esa elegancia es el pulido contorno apolíneo. Pero el lustre es el sinuoso arte de la oscuridad demónica que el gato trae a la luz del día.
Los gatos tienen pensamientos secretos, una conciencia dividida. Ningún otro animal es capaz de esa ambivalencia, de esas ambiguas corrientes contrapuestas de sentimiento, como cuando un gato que está ronroneando placenteramente en nuestro regazo nos hunde de pronto los colmillos en el brazo, como una amenaza. El drama interno de un gato agradablemente arrellanado en el sofá nos lo transmiten sus orejas, que giran, detectando, como radares, un susurro distante, mientras que sus ojos se clavan con fingida adoración en los nuestros; y en segundo lugar, su rabo, que se agita amenazador incluso cuando el animal dormita aparentemente tranquilo. A veces, el gato pretende que su rabo no tiene nada que ver con él, y lo ataca esquizofrénicamente. El rabo encrespado, enorme, es el barómetro telúrico del mundo apolíneo del gato. Es la serpiente en el jardín, golpeando y destruyendo con premeditación y alevosía. La ambivalente dualidad del gato resulta representada en sus erráticas fluctuaciones de humor, su forma abrupta de pasar del torpor a la actividad obsesiva, mediante los cuales comprueba nuestro atrevimiento: "No te acerques. Nunca me conocerás".
Así, la veneración egipcia por el gato no es ni estúpida ni infantil. Egipto utilizó el gato para definir y redefinir su compleja estética. El gato era el símbolo de esa fusión entre lo telúrico, ctónico, y lo apolíneo, una fusión que no se da en otras culturas. La intensidad del ojo occidental pagano se origina en Egipto, al igual que la severa "persona" del artista y del político occidentales. Los gatos son ejemplo de ambos. El cocodrilo, también venerado en la cultura del antiguo Egipto, se parece al gato en su forma de pasar cotidianamente de un reino al otro: levantando su enorme peso entre el agua y la tierra, el erizado cocodrilo representa el acorazado ego occidental, siniestro, hostil y siempre alerta. El gato es un viajero en el tiempo, que llega directamente desde el antiuo Egipto. Regresa siempre que se ponen de moda la brujería o el estilo. En la estética decadente de Poe o de Baudelaire, el gato recupera el prestigio y la magnitud de la esfinge. Con su gusto por el espectáculo sangriento y ritual, con su inclinación a la conspiración y al exhibicionismo, el gato es pura pompa pagana. Llegó a ser el paradigma vivo de la sensibilidad egipcia porque reúne el primitivismo nocturno con la elegancia apolínea. Fijando su veloz energía depredadora en poses de éxtasis apolíneos, el gato fue el primero en representar ese momento detenido de serenidad perceptiva que es el gran arte.

Camille Paglia

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jueves, 3 de enero de 2008

De regreso

Y sí, después del periodo vacacional, de visitas a la familia (política y de sangre), de haber pasado días enteros en la cocina preparando cenas de Navidad y Año Nuevo, de aglomeraciones en las calles de La Tierra que Arde, de noticias inesperadas (cirugías de emergencia, caídas), la manada lobuna está de regreso en la Angelópolis, que nos ha recibido con un clima gélido. Y hoy ya, desde estas latitudes, de regreso también a este blog.
Y si bien la dinámica familiar es absorbente, me di un tiempito para continuar con las lecturas. La que me ocupa en este momento, y de la cual quiero compartirles un poco, es un tratado sobre la personalidad occidental a través del arte, desde la Prehistoria hasta finales del siglo XIX. Sexual Personae es un libro polémico, atípico; una joya que se va revelando a medida que uno avanza. Pero quién mejor que su autora para darnos una "probadita" de lo que nos espera si decidimos adentrarnos en sus páginas:

¿Qué es el sexo? ¿Qué es la naturaleza? Yo considero que el sexo y la naturaleza son dos brutales fuerzas paganas. Estoy segura de que mi hincapié en la verdad de los estereotipos sexuales y en la base biológica de las diferencias sexuales será motivo de polémica. En este libro quiero reafirmar y celebrar el antiguo misterio y el atractivo de la mujer. Veo en la madre una fuerza abrumadora que condena al hombre de por vida a la ansiedad sexual, de la que pretende escapar mediante el racionalismo y los logros físicos.
También quiero demostrar hasta qué punto la vida, el arte y el pensamiento occidentales están regidos por la personalidad, la personalidad occidental que el libro rastrea a través de los tipos o "personas" ("máscaras") recurrentes. El título está inspirado en Persona, aquella obra maestra de Bergman, una obra cruel y soñadora. Mi método es una forma de sensacionalismo: intento dar cuerpo al intelecto con emoción e inducir en el lector toda una amplia gama de sentimientos. Quiero mostrar el sentido que surge de las cosas sencillas, cotidianas: los gatos, las tiendas, los puentes, los encuentros fortuitos, y, por consiguiente, sacar a la crítica y a la interpretación de su reclusión en el aula y la biblioteca.
Camille Paglia

El libro es ampliamente recomendable, sobre todo si les interesa leer una visión completamente diferente sobre el arte y el feminismo. Yo aún no lo termino pero hasta ahora, después de una tercera parte leída (el libro consta de 1046 páginas) no puedo mas que, ansiosa, continuar la lectura. Y seguir sorprendiéndome ante la inteligencia, audacia y capacidad narrativa de Camille Paglia. Para quien se anime a explorar esta maravilla, el libro se consigue en Gandhi; es de Editorial Valdemar y la única mala noticia es el precio: anda alrededor de los 700 pesos. Pero créanme, vale eso y más.
Y por acá nos seguimos viendo.
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