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viernes, 11 de noviembre de 2011

De paisajes carreteros



Cada quince días Lobo y yo viajamos a Morelos.
Estas dos fotos fueron tomadas en la Autopista Siglo XXI.
Disfruten.
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martes, 26 de mayo de 2009

De chile, de dulce y de manteca

Un mes de abandono, un mes ausente de estas frecuencias y resulta que ha pasado de todo: desde la contingencia sanitaria por el ya famoso virus A/H1N1, con teorías conspiratorias incluidas, hasta el temblor de 5.7 grados del pasado viernes. Si a eso le sumamos la descalificación de último minuto del Puebla, en el partido de vuelta de las semifinales del torneo mexicano, el juego no apto para cardiacos entre Pachuca e Indios y la boda de mi hermana, pues verán que la ausencia está plenamente justificada.
Y sí, este sábado estuvimos en Cuernavaca, acompañando a mi hermana Adriana, que se casó después de un año de estar con Joel. Aquí les dejo unas fotos de la boda:

Adriana y Joel, saliendo de la iglesia

¡Beso, beso, beso!

Adriana baila con su hija, Dany

Lobo, Adriana, Joel y yo

Y bueno, creo que por hoy es bastante.
Nos seguimos viendo por acá, gente.
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viernes, 7 de noviembre de 2008

De gripes y mucho frío

Y sí, después del concierto de Judas Priest viajamos a Morelos para el Día de Muertos. Pasamos dos días a gusto, con un clima muy agradable, y regresamos a la Angelópolis el domingo por la noche. De sobra está decir que el cambio de clima fue notorio, tanto que la gripe no tardó en aparecer. Debo reconocer, sin embargo, que Lobo está más malito, pero es imposible frenarlo siquiera un poco. Entre las clases y sus proyectos personales no se da ni un respiro. A ver si consigo que el fin de semana sea de descanso para ambos, igual y logramos deshacernos por lo menos de las molestias. Queda pendiente un post, fotos incluidas, de la ofrenda del Día de Muertos, pero eso será cuando me sienta un poquito mejor.
Y por acá nos estaremos viendo, aunque sea con frío.
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lunes, 29 de septiembre de 2008

De fechas largamente esperadas

Y con el tiempo encima, con mil cosas que dejar listas, veo aproximarse esta fecha largamente esperada. Aún no lo comento ampliamente por eso de las supersticiones; ya lo haré más adelante, cuando el evento haya concluido. Ando, pues, vuelta loca entre arreglos y preparaciones para recibir en casa a mi mamá y a mis suegros, que llegan mañana y el miércoles, respectivamente.
Y como aún tengo algunos pendientes que atender, aquí le paro...
Nos seguimos viendo.
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lunes, 22 de septiembre de 2008

De felicitaciones cumpleañeras

Y ésta va para el buen Efigenio, que celebró su cumpleaños ayer.
Un abrazo cariñoso de parte de la Manada Lobuna.
Que sigan los éxitos, mi querido Efi...
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De deseos de mejoría

Va un saludo para mi sobrina Dany, que estuvo enfermita en el hospital el pasado viernes.
Después de un aparente cuadro de apendicitis, todo se redujo a una colitis que ya se está tratando.
La situación nos hizo pasar una noche, si bien no de desvelo, sí de preocupación. Por fortuna no fue algo serio y Dany está en casa, recuperándose.
Un beso, nenita. Te quiero mucho.
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miércoles, 10 de septiembre de 2008

De la abuela

Y después de varios días de andar ocupada en otras cosas, vuelvo para concluir con el tema de mis abuelos.
A mi abuela también la bauticé con un sobrenombre: Memé. A partir de ahí toda la familia la llamó así. Memé era pequeñita de estatura pero su figura imponía. Tenía la voz grave y hablaba golpeado, seco. No puedo decir que fuera una mujer cariñosa, es decir, no era de esas abuelas empalagosas que se la pasan pellizcando tus mejillas y llamándote por nombres sosos como angelito o lindura. Sin embargo, todo lo que hacía en su rutina diaria era una demostración de amor. Mi abuela nos cuidó toda nuestra infancia y adolescencia. Nos levantaba temprano para ir a la escuela, nos daba de desayunar (unos licuados espeluznantes con leche, huevo, avena y plátano) y esperaba con nosotros a que pasara el camión del colegio. Para cuando llegábamos, pasadas las tres de la tarde, estaba ahí, esperándonos para darnos de comer. La recuerdo yendo del comedor a la cocina, supervisando a Nina (nuestra nana), pendiente de cualquier detalle que necesitara de su intervención. Se marchaba a su casa a las cuatro, a esperar a Pepé para comer juntos. Veía las telenovelas venezolanas de la tarde y dormitaba entre anuncio y anuncio; después de esas siestas intermitentes quedaba con las pilas recargadas y lista para otra tanda de deberes.
A las siete en punto era hora de ir por la leche y el pan. Y era una cita ineludible con Memé. Nos íbamos los tres, Rubén y yo adelante, mi abuela unos pasos atrás, hasta el súper de mi tía Matilde. Mientras Memé y mi tía platicaban, Rubén y yo devorábamos con los ojos los estantes de los pastelitos Marinela, saboreando de antemano el Gansito que nos compraría. Y después de quince minutos de charla, con los cuatro litros de leche y el pan guardados en la bolsa del mandado, caminábamos de regreso a casa. No habríamos andado ni media cuadra y yo ya me había acabado el Gansito; Rubén, en cambio, se lo comía lentamente, con mordidas pequeñitas y chupándose los dedos llenos de chocolate, haciendo alarde, antojándome. Lo odiaba, lo juro. Y me decía, mañana me lo comeré despacito, como él, y esperaré hasta que se lo haya acabado para meterme el último bocado y que sea él quien se quede con el antojo. Pero nunca pude hacerlo. Siempre me ganó la compulsión. Mi abuela no decía nada, sólo se reía de nosotros.
De regreso en casa nos mandaba a bañar. Ya con la pijama puesta me desenredaba el pelo mojado y me peinaba de trenzas. Luego, nos daba de merendar mientras veíamos Topo Gigio y de ahí, a la cama. Memé era casi siempre el último rostro que veía al terminar el día, y el primero, al empezar la mañana.
A Memé la recuerdo en la cocina, guisando para las dos familias, la suya y la nuestra, con sus vestidos de algodón estampado, sus zapatos bajos y su delantal. No se pintaba ni por error y los
únicos accesorios que usaba eran su reloj y unos aretes con una piedra azul verdosa. Y si acaso tenía que posar para alguna foto familiar, siempre hacía muecas. Hablaba con dichos y refranes aprendidos de su mamá, supongo, y le gustaba contarme de cuando era niña y vivía en Orizaba. Era querida por sus vecinas, sus amigas y su familia toda.
Memé murió cinco meses después que Pepé, el 28 de enero de 1993. A la última persona que reconoció a su alrededor, un día antes de morir, fue a su primer bisnieto, Ray.
Mi abuela vivió una vida dura, de altibajos, y muchas veces con responsabilidades que no le correspondían, pero que tomó y enfrentó valerosamente. Y también, como a mi abuelo, la recuerdo con nostalgia y mucho amor.
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lunes, 1 de septiembre de 2008

Del abuelo

Estos son mis abuelos maternos.
Hoy, sin embargo, me limitaré a hablar sobre mi abuelo, al que cariñosamente bauticé como Pepé. (Para mi abuela habrá otro post, más adelante.)
Todos en la familia coinciden en que fui la nieta favorita de mi abuelo. Yo lo sé con certeza; Pepé siempre me hizo sentir querida, cuidada y admirada. Poco antes de cumplir los seis años nos fuimos a vivir a casa de los abuelos. Desde entonces pasaba la mayoría del tiempo con él, en su biblioteca, escuchando a su adorado Beethoven, mientras me leía algún libro o me contaba alguna historia de su juventud. Al poco tiempo nos mudamos, mis abuelos al 216 de la Cerrada de San Rubén, nosostros al 224 de la misma calle. Nos separaban tres casas. Eso no fue impedimento para que siguiéramos igual de unidos. Todas las tardes me iba a su casa y Pepé me ayudaba a hacer la tarea. Si surgía alguna duda, sacaba el tomo de la enciclopedia correspondiente y buscábamos la respuesta. Y de ahí derivábamos a cualquier otro tema, siempre con la enciclopedia a un lado y se nos iban las horas, casi sin sentirlo. Me enseñó a reconocer casi todas las banderas del mundo, al igual que sus capitales. Aprendí geografía e historia, me hacía practicar el inglés sin descanso y mi amor por la literatura fue fomentado por él y sus cientos y cientos de libros.
Los fines de semana repartía mi tiempo entre los amigos y Pepé. Uno de mis momentos favoritos era cuando sacaba su View Master y pasábamos la mañana de algún sábado mirando diapositivas de Europa. Así, nos recorrimos Inglaterra, Italia, Alemania, Austria, Finlandia, Suecia, Francia y no sé cuántos países más. Tenía también una colección de libros sobre pinturas famosas, que veíamos una y otra vez. Pepé, con una paciencia infinita, me explicaba sobre la técnica del pintor, sobre su vida y el periodo específico en el que había sido pintado el cuadro en cuestión. Así conocí a Miguel Angel, a Rafael, a Boticcelli, sólo por mencionar algunos.
Mi abuelo amaba la música clásica. Tenía un acervo discográfico bastante amplio, y aunque en lo personal él prefería a los románticos (Chopin, Liszt, Tchaikovsky), también escuchaba con gusto a los barrocos. Su favorito, sin embargo, siempre fue Beethoven. Aun ahora, después de tantos años, no puedo dejar de escuchar a Beethoven sin pensar en mi abuelo. Nuestra sonata favorita era (y sigue siendo) "Claro de Luna". Y nuestra sinfonía, la Séptima.
Mi abuelo aceptó con resignación mi paso a la adolescencia, y con él, mi amor por el rock. Llegó incluso a escuchar a Yngwie J. Malmsteen conmigo, y a disfrutarlo. Cuando nos mudamos a Puebla dejamos de vernos con tanta frecuencia pero el amor siempre estuvo ahí, fuerte, inamovible. Pepé murió el 25 de agosto de 1992, seis meses después del nacimiento de su primer bisnieto, mi hijo Ray. Hoy, a dieciséis años de su muerte lo recuerdo con nostalgia. Y con el mismo amor que cuando era niña.
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martes, 26 de agosto de 2008

De inspiraciones

Y ya que andamos en estos menesteres, Lobo, no podría estar más orgullosa de ti; has trabajado sin descanso y la culminación de ese esfuerzo está por llegar. Eres una inspiración para mí, no sólo a nivel profesional --sabes que admiro profundamente tu trabajo-- sino también a nivel personal. Más que inspiración: mi motor, mi ejemplo; el motivo por el cual me levanto cada día y soy capaz de enfrentar este mundo retorcido y enfermo.
Sí, otro post personal, sorry...
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lunes, 18 de agosto de 2008

De partidas

Y el viernes llegaron los chamacos...
Después de cinco semanas de no verlos fue bueno estar juntos, en familia.
Lo difícil fue el domingo; por la noche Ray regresó con su papá y ahora estará allá de tiempo completo. Nos veremos los fines de semana, cada quince días.
Creo que ayer, quien más resintió su partida fue Steffi. Es la primera vez que está separada de su hermano. Para ella, igual que para Lobo y para mí, será cuestión de irse adaptando a esta nueva situación.
Por lo demás, las cosas marchan... Hoy ya estamos de vuelta a la rutina: Steffi en la escuela, Lobo en la uni, yo acá, en casa, entre los quehaceres y la escritura. Lo dicho, la rutina de nuevo dueña de mi tiempo...
Por acá nos estaremos viendo.
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martes, 12 de agosto de 2008

De Adriana

Y va una felicitación súper especial para Adriana, por su cumpleaños número... bueno, esa información sólo la puede revelar ella... A mí me corresponde mandarle todo mi amor y mis buenos deseos para que se cumplan todos sus planes y que siga igual de contenta que ahora.
Nena, ya sabes que se te quiere, mantente en contacto y no olvides que acá estamos para lo que necesites... Un beso ;)
(Sorry, otro post de lo más personal...)
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martes, 1 de julio de 2008

De Lobo

Y nunca he sido una buena lectora de textos académicos. Sin embargo, después de tener el privilegio de revisar el más reciente trabajo de Lobo --el cual no comentaré en lo absoluto, tal vez más adelante, cuando esté concluido y tenga autorización del autor-- y debo confesar que he quedado verdadera, gratamente sorprendida. Esto no es novedad, me pasa siempre que lo leo, en cualquiera de los géneros que escribe. Y estoy consciente de que mis opiniones al respecto no son las más imparciales pero no podía dejar pasar la oportunidad de mencionarlo, de externar la profunda admiración que siento por él, por su obra, por todo lo que su persona engloba, representa para mí. Este tiempo a su lado no sólo ha sido rico en enseñanzas que se traducen en crecimiento profesional, sino en experiencias de vida. El buen Lobo llegó un día, sin buscarlo, sin esperarlo, y se quedó aquí, conmigo. No sé si fue cuestión de suerte, de karma, de bendiciones... tampoco importa. El hecho es uno, está aquí...
Y si sienten que este post fue por demás personal, están en lo cierto. Pero es uno que me debía desde hace un rato... Sorry...
Nos seguimos viendo.
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