sábado, 1 de noviembre de 2008

De Doctor Who

Y me llega la noticia de que David Tennant dejará de ser el Doctor una vez que concluya la grabación de los especiales programados para 2009. Eso quiere decir que tendremos un nuevo Doctor para la temporada que iniciará en 2010.
Estoy desconsolada... Todavía no se marcha y ya lo extraño.
Ni hablar.
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De Judas Priest en Puebla

Todavía no empezaban las clases de este semestre cuando Steffi me habló por teléfono. ¡Viene Judas Priest a Puebla! De entrada no le creí, me parecía imposible que Priest hubiera incluido Puebla en su gira mundial. Pero Steffi insistía que se presentarían en el Auditorio Siglo XXI, así que me metí a la página del Auditorio y, ¡oh sorpresa!, era verdad: Judas Priest en Puebla el 30 de octubre. Desde ese día la prioridad fue conseguir boletos para la manada completa, es decir, cuatro (los Lobeznos estaban igual de entusiasmados por el concierto). Por ahí de la segunda quincena de septiembre pudimos comprarlos. Mi estatuilla de Ganesha los cuidó por un mes y medio. Este jueves pasado por fin cumplieron su cometido: dejarnos acceder al tan esperado concierto.
Llegamos con más de una hora de anticipación y esperamos pacientemente en el lobby del Auditorio a que nos dejaran pasar a nuestros lugares. Poco a poco el lugar comenzó a llenarse. Abundaban las vestimentas negras: playeras de Priest, Maiden, Sabbath; las chamarras de cuero, el pelo largo... A las ocho y media en punto entramos. Sólo unos minutos después anunciaron la primera llamada. La gente seguía buscando sus lugares. Segunda llamada. Para las nueve aquello estaba lleno. Tercera llamada...
El grupo abridor fue Testament. Tocaron alrededor de una hora. Luego, otra media en lo que se preparaba el escenario y después de silbidos y gritos de "¡A ver cuándo!", salió Judas Priest. Es impresionante escucharlos en vivo; la voz de Rob Halford es sorprendente; el bajo de Ian Hill, sólido, sirviendo de soporte a las guitarras de K.K. Downing y Glenn Tipton, poderosas, veloces y la batería de Scott Travis, simplemente demoledora. Fueron dos horas alucinantes que se fueron demasiado rápido para mi gusto. Judas Priest se entregó y cautivó a los miles de seguidores que asistimos al concierto. Mi amor por el heavy metal es añejo y este jueves pasado me tocó ver y escuchar a los dioses del metal, a una de las grandes bandas de este género, a uno de mis cuatro favoritos (los otros tres: Sabbath, Maiden y Metallica). Valió la pena la espera, cada minuto, cada nota, cada grito... definitivamente valió la pena.
Los dejo con una imagen de los Sacerdotes, de Judas Priest.
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viernes, 24 de octubre de 2008

De la Feria del Libro en el Zócalo (2)

Y después de un buen rato de no asistir a la Feria del Libro en el Zócalo (el año pasado Lobo y yo caímos por ahí sin haberlo planeado, y sólo por unas cuantas horas), pasamos tres días muy a gusto, entre reencuentros, actividades diversas y muchos libros. Los saldos son favorables: las tertulias sobre ciencia ficción (viernes 17 y sábado 18) fueron una delicia. Valió la pena ver reunidos a Porcayo, Zárate, Bef y Pepe Rojo, tener la oportunidad de escucharlos y descubrir que a pesar de los años, las coincidencias siguen ahí. También fue muy interesante conocer y charlar con Lucius Shepard, escritor norteamericano, ganador de varios premios, entre ellos el Nebula (1986) y el Hugo (1993). Para mí, sin embargo, lo mejor fue el reencuentro, ya en el plano personal, con los amigos. Y es que con unos viviendo en el DF, otros en Tijuana y algunos más en Puebla, se vuelve francamente complicado reunirse. Fue muy grato pasar un rato juntos, platicando y recordando viejos tiempos.
El domingo 19, después de la conferencia de Lobo sobre cyberpunk, volvimos a la Angelópolis, cansados pero con un montón de experiencias, inspiradoras por decir lo menos.
Les dejo algunas imágenes (de celular, sorry)...

Panorámica de la Feria del Libro en el Zócalo, al atardecer del viernes 17

Porcayo y Zárate en la primera tertulia sobre ciencia ficción (viernes 17)

Bef y Pepe Rojo en la segunda tertulia sobre ciencia ficción (sábado 18)

Porcayo y Lucius Shepard el sábado 18, después de las actividades del día

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miércoles, 8 de octubre de 2008

De la Feria del Libro en el Zócalo


A partir del viernes 10 de octubre da inicio la 8° Feria del Libro en el Zócalo de la Ciudad de México. Hay un montón de eventos interesantes así que no dejen de asistir. La dirección es:
Octava Feria del Libro en el Zócalo de la Ciudad de México
Zócalo de la Ciudad de México. Col. Centro
Tel. (55) 5662-7680
Del 10 al 19 de octubre de 2008
Más información sobre eventos aquí.
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lunes, 29 de septiembre de 2008

De fechas largamente esperadas

Y con el tiempo encima, con mil cosas que dejar listas, veo aproximarse esta fecha largamente esperada. Aún no lo comento ampliamente por eso de las supersticiones; ya lo haré más adelante, cuando el evento haya concluido. Ando, pues, vuelta loca entre arreglos y preparaciones para recibir en casa a mi mamá y a mis suegros, que llegan mañana y el miércoles, respectivamente.
Y como aún tengo algunos pendientes que atender, aquí le paro...
Nos seguimos viendo.
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lunes, 22 de septiembre de 2008

De felicitaciones cumpleañeras

Y ésta va para el buen Efigenio, que celebró su cumpleaños ayer.
Un abrazo cariñoso de parte de la Manada Lobuna.
Que sigan los éxitos, mi querido Efi...
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De deseos de mejoría

Va un saludo para mi sobrina Dany, que estuvo enfermita en el hospital el pasado viernes.
Después de un aparente cuadro de apendicitis, todo se redujo a una colitis que ya se está tratando.
La situación nos hizo pasar una noche, si bien no de desvelo, sí de preocupación. Por fortuna no fue algo serio y Dany está en casa, recuperándose.
Un beso, nenita. Te quiero mucho.
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martes, 16 de septiembre de 2008

De Morelia

Palabras de mi hijo Ray: ¿Alguien puede explicarme qué demonios está pasando en este país?
Yo me pregunto, ¿hasta dónde vamos a llegar?, ¿qué más falta?
No quiero ni pensarlo...
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miércoles, 10 de septiembre de 2008

De la abuela

Y después de varios días de andar ocupada en otras cosas, vuelvo para concluir con el tema de mis abuelos.
A mi abuela también la bauticé con un sobrenombre: Memé. A partir de ahí toda la familia la llamó así. Memé era pequeñita de estatura pero su figura imponía. Tenía la voz grave y hablaba golpeado, seco. No puedo decir que fuera una mujer cariñosa, es decir, no era de esas abuelas empalagosas que se la pasan pellizcando tus mejillas y llamándote por nombres sosos como angelito o lindura. Sin embargo, todo lo que hacía en su rutina diaria era una demostración de amor. Mi abuela nos cuidó toda nuestra infancia y adolescencia. Nos levantaba temprano para ir a la escuela, nos daba de desayunar (unos licuados espeluznantes con leche, huevo, avena y plátano) y esperaba con nosotros a que pasara el camión del colegio. Para cuando llegábamos, pasadas las tres de la tarde, estaba ahí, esperándonos para darnos de comer. La recuerdo yendo del comedor a la cocina, supervisando a Nina (nuestra nana), pendiente de cualquier detalle que necesitara de su intervención. Se marchaba a su casa a las cuatro, a esperar a Pepé para comer juntos. Veía las telenovelas venezolanas de la tarde y dormitaba entre anuncio y anuncio; después de esas siestas intermitentes quedaba con las pilas recargadas y lista para otra tanda de deberes.
A las siete en punto era hora de ir por la leche y el pan. Y era una cita ineludible con Memé. Nos íbamos los tres, Rubén y yo adelante, mi abuela unos pasos atrás, hasta el súper de mi tía Matilde. Mientras Memé y mi tía platicaban, Rubén y yo devorábamos con los ojos los estantes de los pastelitos Marinela, saboreando de antemano el Gansito que nos compraría. Y después de quince minutos de charla, con los cuatro litros de leche y el pan guardados en la bolsa del mandado, caminábamos de regreso a casa. No habríamos andado ni media cuadra y yo ya me había acabado el Gansito; Rubén, en cambio, se lo comía lentamente, con mordidas pequeñitas y chupándose los dedos llenos de chocolate, haciendo alarde, antojándome. Lo odiaba, lo juro. Y me decía, mañana me lo comeré despacito, como él, y esperaré hasta que se lo haya acabado para meterme el último bocado y que sea él quien se quede con el antojo. Pero nunca pude hacerlo. Siempre me ganó la compulsión. Mi abuela no decía nada, sólo se reía de nosotros.
De regreso en casa nos mandaba a bañar. Ya con la pijama puesta me desenredaba el pelo mojado y me peinaba de trenzas. Luego, nos daba de merendar mientras veíamos Topo Gigio y de ahí, a la cama. Memé era casi siempre el último rostro que veía al terminar el día, y el primero, al empezar la mañana.
A Memé la recuerdo en la cocina, guisando para las dos familias, la suya y la nuestra, con sus vestidos de algodón estampado, sus zapatos bajos y su delantal. No se pintaba ni por error y los
únicos accesorios que usaba eran su reloj y unos aretes con una piedra azul verdosa. Y si acaso tenía que posar para alguna foto familiar, siempre hacía muecas. Hablaba con dichos y refranes aprendidos de su mamá, supongo, y le gustaba contarme de cuando era niña y vivía en Orizaba. Era querida por sus vecinas, sus amigas y su familia toda.
Memé murió cinco meses después que Pepé, el 28 de enero de 1993. A la última persona que reconoció a su alrededor, un día antes de morir, fue a su primer bisnieto, Ray.
Mi abuela vivió una vida dura, de altibajos, y muchas veces con responsabilidades que no le correspondían, pero que tomó y enfrentó valerosamente. Y también, como a mi abuelo, la recuerdo con nostalgia y mucho amor.
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sábado, 6 de septiembre de 2008

De anime

Ayer, mientras visitaba a mi mamá en Cuernavaca, tuve oportunidad de pasar un rato con Dany, mi sobrina. Resulta que es fan del anime desde chiquita y para su desgracia, nadie en su casa comparte ese amor por los dibujos japoneses. Pero a cambio, encontró en la Manada Lobuna, si no los mismos gustos, sí esa especial fascinación por el anime y el manga. Hace algunos meses, platicaba con ella sobre mis series japonesas favoritas, aquellas que me engancharon a este tipo de animación y surgió el nombre de Tritón del Mar.
Tendría yo nueve, diez años quizás, cuando apareció Tritón en el canal 5. Ya antes había seguido con regularidad series japonesas como Sombrita, Fantasmagórico, Marino y la Patrulla Oceánica, Meteoro y La Princesa Caballero, pero por mucho fue Tritón quien me conquistó, quien alimentó mi cabecita de historias fantásticas, quien me hizo soñar con el mar y sus miles de posibles aventuras... Y con esta maravilla que es la tecnología, encontré en YouTube el opening completo de la serie; es este:



No pude ver el final de la temporada; los padres de familia de muchos niños se quejaron por el alto grado de violencia que contenía la serie y la cortaron. Fue hace un par de años, con Lobo, surfeando la red, que encontramos ese último capítulo y por fin pudimos verlo...
Curiosamente ninguno de mis hermanos fue fan del anime. Rubén incluso me hacía burla... En fin, creo que por eso comprendo a Dany ( y eso que ella me gana por mucho en esto del amor por el anime)...
Y bueno, por acá nos seguimos viendo.
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